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lunes, 11 de enero de 2016

Los días en los que te echo de menos

Los días en los que te echo de menos, mi vida es como una película. Mi día transcurre con normalidad, pero las horas pasan a través de mí sin tocarme. Me levanto, me ducho, me visto y salgo de casa para coger el coche, pero es como si lo hiciera otra persona porque mi mente está inundada de tus recuerdos y no veo más allá. Cada canción me recuerda a ti y en mi memoria no dejan de sucederse las imágenes de tus recuerdos como si fuera una película.

Tu sonrisa desde lejos, mientras te acercas por la acera, al verme sentada esperándote en la terraza de aquel bar donde nos conocimos. Tu brazo rodeándome mientras paseamos por un parque. Mi mano deslizándose por la tuya una noche al salir de un restaurante.

Intento hacer las cosas que hago todos los días, pero cuando te echo de menos no puedo dejar de imaginar que las podría estar haciendo contigo y que un día las hice contigo, acompañada de tus sonrisas.Y te vuelvo a ver esperándome en la puerta de la facultad para acompañarme a casa, vuelvo a montarme en tu coche para ir contigo de compras, vuelvo a tomarme un café contigo en cualquier bar. Y mi mano echa de menos la tuya, acariciándome bajo la mesa.

Cuando vuelvo a casa, esos días son los peores. Pongo nuestras canciones y me siento sola. Me siento mayor y siento que te he perdido y que nunca te sacaré de mi corazón. Y aún con el gorro puesto y el corazón frío, abro una copa de vino y bebo, para recordarte, no para olvidar. Mientras canto nuestras canciones, con una copa de vino blanco en las manos, mis ojos se inundan porque no puedo vaciar los recuerdos que se agolpan en mi cabeza. Y con una copa en la mano, los recuerdos duelen más.

Y me vuelve a doler el corazón, haciendo un esfuerzo para decirte que me voy. Y veo de nuevo tu cara de decepción, incapaz de decir nada. Y tu mano vuelve a jugar con uno de mis rizos y sé que te están conteniendo para retenerme, como si con ese gesto pudiera hacerlo. 

Intento ordenar en mi cabeza los sentimientos. Como si al recordarte pudiera cambiar lo que pasó. Como si pudiera correr por esa calle a oscuras para abrazarte y darte un beso, en lugar de quedarme en la puerta de casa resignada viendo como te alejas, deseando correr, pero sin poder dar la orden a mis piernas. Sabiendo que no volveré a sentir tus labios.

Ojalá me hubieras leído la mente cuando yo era incapaz de hablar.

Y al final de los días en los que te echo de menos solo me queda una copa vacía y esa canción. Y no te puedo decir que aún te quiero, solo puedo hacerme la duda mientras desvías la mirada, para no mirarme. Y me falta tu sonrisa para que me caliente el corazón.

Oh well I don't mind, if you don't mind
'Cause I don't shine if you don't shine

Before you go, can you read my mind?


sábado, 22 de agosto de 2015

Una tarde de lluvia más

Y desde entonces no ha dejado de llover. Porque llovía aquella tarde cuando sujetaste el paraguas sobre mi cabeza para darme un beso fugaz antes de entrara en el metro. Llovía también aquella mañana cuando saliste de mi casa y te vi cruzar la esquina bajo la lluvia y llovió toda la tarde mientras me pasé horas y horas mirando la lluvia caer contra el cristal porque, aquella tarde, lo único que me quedó de ti fue un abrazo cálido y acogedor, y tu espalda mientras girabas la esquina.

Y hoy vuelve a llover sobre las calles de Madrid, mientras deambulo con los pies mojados sujetando un paraguas que me protege de la lluvia, pero no de los pensamientos que se agolpan en mi cabeza. y de eso no hay nada que me proteja. Y la lluvia lo trae, una y otra vez.

Mientras intento calentarme con un té, Gato me mira desde su atalaya en la ventana. Parpadea y vuelve a mirar por la ventana, con la mirada fija en lo que pasa fuera, en la gente que se moja y corre entre los paraguas, las capuchas levantadas y los pasos apresurados. Sé que su mirada es de indiferencia, que a él no le preocupa la lluvia, no le trae recuerdos de ti ni de nada que haya vivido en los días de lluvia.



Para él no llueve. A veces me gustaría ser como él, mirar con indiferencia sobre la ventana, sin que la lluvia y el vacío que has dejado me mojen y me enfríen los pies. Pero aunque la lluvia no recoge sus recuerdos, sé que por las mañanas, acercándose levemente a la puerta, sin quererse asomar, intenta atisbar con sus diminutos ojos lo que hay más allá, percibir un olor, una sensación que un día sea un recuerdo para poder evocarlo de nuevo.

Me pregunto si, con su cara pegada en el cristal, no le entrará la melancolía de una cierta tarde de sol que un día vio. Me pregunto si no sufre igual por algo que no ha conocido y si sería mi pena igual si nunca hubieses estado, si no me hubieses abrazado y dado besos delicados.

Si aquello no hubiese pasado, si me hubiese quedado observando desde el cristal, me pregunto si entonces dejará algún día de llover.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La última copa

Si pudiera detener el tiempo justo en aquel momento en el que me miraste a los ojos y como por un descuido, como si fuese casualidad, pero a la vez con miedo y con cuidado sujetaste uno de mis rizos entre tus dedos y los deslizastes como si fuese el material más delicado del mundo. Ese justo momento en el que sentí la fuerza de atracción de aquel beso que nunca me volverás a dar. ¿Por qué? Por que fue en ese instante en el que me di cuenta de la tristeza de tus ojos y de lo mucho que te dolía aquella estúpida despedida.

jueves, 1 de noviembre de 2012

per-fec-to

Durante meses imaginé de todas las formas posibles como aquello debería pasar. Cuando sucedió supe simplemente que había sido perfecto y que solo podía haber pasado de ese modo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

una noche de septiembre


Siempre es difícil empezar una historia. Todas tienen un comienzo, por supuesto, pero esta historia es diferente si te la empiezo a contar una madrugada de marzo, una tarde de mayo o una noche de septiembre...

Una noche de septiembre la protagonista de este cuento sin hadas se sorprendería a sí misma llorando sobre un filete de pechuga sin razón aparente, pero sus razones son cientos. Se acaba de dar cuenta de que la única persona que escucharía sus lágrimas ha dejado de ser su principal motor para quedarse sentada en ese sofá siendo la mujer florero sin anillo.

Ya lo había decidido y ya no había vuelto atrás, pero eso tan solo fue una razón más para seguir llorando aquella noche de septiembre.

viernes, 17 de agosto de 2012

no te rindas


No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

(Mario Benedetti: "No te rindas")

viernes, 13 de julio de 2012

¿Qué nos ha pasado?

... ¿qué nos ha pasado? ¿por qué ya ni siquiera me atrevo a empezar esta carta con tu nombre? ¿por qué no tengo fuerza para mirar los sobres viejos? Quizás porque será demasiado duro darme cuenta de que hace meses que no sé nada de ti, que hace un par de años que lo nuestro dejó de ser amistad y se convirtió en una mera relación formal, un voy a mantener algo que murió hace tiempo solo por el cariño de aquellos años... pero... ¿qué nos ha pasado? ¿por qué parecíamos inseparables y ahora somos a penas unos desconocidos?

Me gustaría tener valor para poder sentarme contigo a tomar un café, pero tengo miedo de no encontrarte tal y como yo te recuerde. De haber cambiado, de que tú hayas cambiado... La verdad es que a veces miro tus fotos y pienso que ya no te conozco, que si nos cruzásemos por la calle no sabría reconocer...

Quiero escribirte una carta, pero ni siquiera sé cómo llamarte ahora. Quiero contarte la verdad, que sigo perdida, estancada en aquella muralla sin saber dónde está mi lugar. Quiero gritarse que necesito apoyo. Pero tengo miedo de que no respondas, porque me he dado cuenta de que tú intentaste seguir y ahí y yo, poco a poco, inconscientemente, he sido la que se ha alejado de ti. Si no quiero perderte tengo que dar ese paso, pero... ¿qué me ha pasado?

martes, 19 de junio de 2012

me he perdido

Hace tiempo que ando perdida. Creo que empecé a perderme en junio del 2007 o quizás fue en julio, no sé, pero sé que desde hace dos años no soy yo. Y sé que desde hace un año no tengo nada que ver con lo que un día fui. Los cambios son traicioneros, aparecen así de la nada y si van sin dejar huella, hasta que un día te miras al espejo, miras a tu alrededor y te preguntas dónde estás.

Sé que ya no soy esa chica insegura. La vergüenza no se interpone en mi camino cuando se trata de conseguir algo. Me gusta mi imagen. Me es completamente indiferente lo que alguien pueda pensar de mí. Quizás me he vuelto un tanto descarada.

Muchas veces ordeno mis recuerdos, los desempolvo y los miro con atención. Es curioso como la mayoría de las veces la distancia entre esos momentos y mi yo-presente se ha hecho tan grande que no los recuerdo como míos. Se trata de meras anécdotas, historias que un día ocurrieron, pero no a la chica que ahora escribe esto. Si son buenos, me pueden arrancar una sonrisa, pero los malos no surten en mí efecto alguno. Una mueca, un suspiro…... pero ya no duele más. Algunos incluso se han perdido entre la inmensidad del tiempo pasado, pero ¿sabes qué? Ni me duele ni me importa.
A pesar de ello, muchas noches recupero un trozo de lo que soy, me miro, miro a mi alrededor y me pregunto dónde estoy. Entonces me doy cuenta de que ando perdida o, tal vez, tan sólo se ha perdido una parte de mí.
Luego te miro a ti y tampoco sé dónde estás. Supongo que al igual que yo, andas perdido, creando la distancia entre los recuerdos empolvados. Pero en realidad es muy simple, hemos cambiado.

[julio 2009]

lunes, 4 de junio de 2012

gafas de sol

Muchas veces he deseado, hasta llegar a creerlo realmente, que las gafas de sol me hacen irreconocible. Como una capa de invisibilidad, que alguien llegue y de repente: "¡Uy! Si eres tú, no te había reconocido...".
Aquella tarde en la cafetería yo te esperaba con mis gafas de sol, sentada en una mesa bajo la sombra. Sí, con gafas de sol, para saber si tú me reconocerías bajo mi máscara de incógnito.
Entonces apareciste con tu camisa azul celeste. Te miré desafiante, luego hice como que no te había visto y te volví a mirar, a ver si me habías visto. Entonces sonreíste desde lejos y yo te respondí.
Luego estuve dándole vueltas. No sabía si estar enfadada porque mi capa de invisibilidad no funcionaba. Pero decidí ser feliz, porque con aquella máscara y desde la distancia me reconociste, sonreíste y yo te sonreí.

miércoles, 30 de mayo de 2012

miedo a morir

En cierta ocasión leí, escuché o soñé que un crítico literario, que es lo mismo que un escritor de medio pelo, dijo que el momento de convertirse en escritor, y por tanto en creador, llega con la aceptación de la muerte propia. Bueno, quizás lo dijo algún premio novel. No importa.
Mucho se ha reflexionado sobre esto, pero lo que nunca nadie se ha atrevido a condesar es su miedo a morir. Miedo a cómo se muere, a dejar a todos aquí, al último recuerdo... a todo y de repente nada.

lunes, 28 de mayo de 2012

domingo, 4 de marzo de 2012

un regalo desde la otra orilla del lago

Llegaste en un barca de madera, cruzando desde el otro lado del río. Yo te esperaba sobre las tablas mojadas del puerto. Me cogiste la mano y me la apretaste fuerte. Yo no me lo creía, pero en verdad estabas ahí. Aquello para lo que no estábamos preparados había ocurrido.

Me acerqué a tu butaca y me sonreíste. Entonces me dijiste al oído el que sería otro de nuestros secretos. Que aquello era un regalo, un regalo concedido para la despedida y como todo regalo debía ser disfrutado. Me pediste que riera, que gritara y cantara, que disfrutara de ese día como si fuese eterno.

Así lo hice, reí como nunca y guardé junto a ti uno de los mejores momentos de mi vida. Junto a los cientos que compartimos en vida.

Cuando llegó el momento de la despedida simplemente lo acepté, porque sabía que yo ya te había dado todo y tú a mí también. Apretabas mi mano con fuerza, tan real y tan fuerte... como tantas veces hice. Y como hice esa vez por última vez.

Entonces su mano se deslizó bajo mi tacto. Entonces te fuiste y solo quedó la paz.

viernes, 20 de enero de 2012


Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z; Ctrl Z; Ctrl Z; Ctrl Z...
Aquella mañana dediqué una hora de mi vida a maquetar los versos prefabricados de un escritor de medio pelo con un buen enchufe en la editorial que me daba de comer. Después de aquellos largos sesenta minutos, los versos estaban bien encuadrados, con su formato y su anotación en una bonita caja de texto. Respiré y guardé la labor. Por pura paranoia mía volví a abrir el documento, solo para respirar una vez más y comprobar que todo estaba en su lugar, tal y como yo lo había guardado. No respiré. El texto estaba, pero no estaba su cuadro que lo recogía verso a verso. Respiré y me armé de paciencia.
Una hora después y millones de Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z el texto estaba otra vez en su lugar. Quise asegurarme de que no se perdiese y no vagase sin rumbo por el limbo virtual al que van las cosas que no guardamos o que eliminamos. Todo fue inútil, no se pegaba en otros documentos y no podía guardarlo en otro formato. Reaccioné sin cavilar, y arranqué el cable de su enchufe en la pared. Muerto el perro se acabó la rabia, que dicen en mi pueblo. Contuve mis instintos más asesinos y no lancé aquel aparato del demonio que llamaba ordenador por la ventana, o contra la cabeza de mi jefe, o contra el suelo, o golpearlo con el manuscrito, o con la silla o con... En fin, no produje daño alguno a bicho.
Necesité otra hora más para repetir mi labor. Dicen que no hay dos sin tres y que a la tercera va la vencida, así que a la tercera tuve por fin el texto maquetado, guardado y bien guardado. Aunque yo necesitaba un café y tuve que salir urgentemente a la cafetería de la esquina. Me pedí un café con leche y se me antojó un emparedado de jamon york y queso, uno de esos que ahora llaman sandwich mixto, vaya usted a saber por qué.
En resumen, aquella mañana dediqué tres horas de mi vida a repetir la misma tarea.
Por la tarde yo pensaba que las cosas irían mejor. Cuán grande sería mi sorpresa al descubrir tras cuatro horas de trabajo, que llevaba dos corrigiendo el texto bueno.
Decidí ir a por chocolate, pero la máquina del pasillo se quedó conmigo y con 10 céntimos míos, así como si fuese una señal del destino que yo no tomara chocolate... Así que me fui al kiosco de la esquina, en busca de algo con lo que lavarme el cerebro. Me decidí por la glamur, nada mejor que hojear un lavado instantáneo de neuronas.
En portada una actriz irreconocible a causa del botox o del photoshop, o quizás de ambos. Nunca me han gustado las personas de plástico, menos si están más maquilladas que la capilla Sixtina.
En la editorial, la directora de la revista hablándole a las mujeres sin personalidad de lo fuertes y estoicas que deben ser ante la vida. Al lado del texto, una foto de la susodicha. Paloma enorme de unos 50€ para disimular su enorme nariz en plan Rosi de Palma. Interiormente le deseé suerte con esa técnica, que yo me hubiese fijado en esa trompa de elefante no significaba que otros pudiesen hacerlo.
Pasé de hoja, ahí estaba de nuevo la directora. Con su chimenea presidiendo el salón de su cara. Y sin pamela. Realmente, hay casos en los que yo sí apoyaría lo de las operaciones estéticas para reducir tocha, digo, nariz. Érase una vez una nariz a una directora pegada...
Un hojas más un artículo con foto de la redactora. ¡Dios mio, qué espanto! ¿Guiña el ojo y pone morritos para disimular su poca belleza? Lo peor de todo es que quizás sí funcione... Pero, ¿en serio? ¿Qué es eso? ¿Masoquismo? Poner esas fotos al lado de famosas de plástico y ordenador... O quizás una estrategia de marketing (sea lo que sea el marketing) para demostrar cuán hermosas son las famosillas...
Hacia la mitad de la revista el horóscopo. Absténganse creyentes. Voy a tener problemas amorosos pero éxitos de trabajo... ¡y solo por haber nacido en cierto día! Qué potra... no me puedo creer que todos los sagitario vayan a pasar por las mismas dificultades que yo. Hoy me siento un poco más empática con el mundo. ¿Hasta ahí se nota la ironía o sigo?
Por cierto, ¿sabías que ojear una revista de moda durante más de diez minutos produce depresión en las mujeres? ¿Sabías que la mayoría de las estadísticas son falsas? ¿Sabías que el 68% de la población sabe que las estadísticas son falsas? ¿Sabías que el 89% de la población todavía cree en las estadísticas?
Cierro la revista y me pregunto en qué porcentaje estoy yo. Llego a la conclusión de que formo parte de ese 0,09% de margen de error en cualquier estadística inventada.
Vuelvo a casa y las noticias dicen que ha estallado la tercera guerra mundial, no sé si por cuarta o quinta vez en la última década... pero me da igual. Yo necesito dormir. Mañana será otro día.

Ctrl G

martes, 27 de diciembre de 2011

Cosas que no me gustan de la Navidad

La Navidad es una época de amor, ilusión, esperanza... sobre todo esperanza. Nos pasamos los días esperando a que llegue la Navidad, porque con ella podremos estar con las personas que más queremos. Esperamos que ellas den lo mejor de sí por nosotros. Esperamos que todo vaya bien en estos días, que no haya problemas. Esperamos poder estar con todo el mundo. Esperamos que la Navidad sea un remanso de paz de felicidad en medio del ajetreo y los disgustos que nos da la vida. Y nos quedamos esperando... Porque además de ilusión, es época de desilusión. Esa época en la que la gente te decepciona aún más porque no viene o no dan todo lo que esperamos de ellos. Porque deseas estar con todos y no puedes complacerlos. Porque los problemas parecen más graves en Navidad. Porque las pérdidas son también más dolorosas en Navidad.

Hemos idealizado de tal modo la Navidad, que todo el mundo espera algo de ella, y espera y espera....y se desilusiona.

jueves, 15 de diciembre de 2011

be alone - Audry Hepburt


"Tengo que estar sola a menudo. Sería un poco feliz si me pasase desde el sábado por la noche hasta el lunes por la mañana sola en mi apartamento. Así es como me recargo"

domingo, 4 de septiembre de 2011

uno de esos días más

Sólo es uno de esos días más en los que por un segundo estás enfadada con el mundo. Cuando sientes, como tantas otras veces, que desentonas con el mundo. Que has llegado a un punto, sólo por unos segundos, en los que no te apetece ver a nadie más. Podrías enfadarte con todos, pero sabes que gritar no sirve de nada.

Ves las fotografías y sientes que no encajas aquí. A veces lo peor es que no te duele no encajar.

Es sólo uno de esos días en los que nada te apetece. Solo quiero sentarme en mi escritorio, con un chándal o un pijama, sentada sobre mis piernas cruzadas, bebiendo un té, leyendo lo que sea. Sabiendo que sólo es un día más y que esta angustiosa sensación, la del tiempo parado, se va ir.

Sólo es uno de esos días más.

domingo, 24 de julio de 2011

el mar y la luna

En la orilla del mar encontró un círculo de piedras, quizás expuestas ahí expresamente para que se sentara en la más grande de todas a contemplar el mar.


La blanca luna desafiaba al sol recién despertado sobre las murallas de la ciudad. el mar rugía silencioso y le hablaba. El viento dormía, las nubes llegaban tarde y el cielo esperaba sin hacer ruido. No hacía frío, ni calor. En aquellos momentos la temperatura era perfecta y hubiera sido un momento perfecto si hubiera tenido con quien compartirlo. De todos modos guardó aquel momento en su colección de recuerdos porque pensó que un día podría necesitar una luna sobre una muralla.





Entonces el mar le habló. Le invitó a unirse a su tempestad en calma. A desafiar los prejuicios y sumergirse en sus aguas tiernas.

En un impulso se levanto de su asiento de roca. De pie, frente al mar, se deshizo de su ropa en una acelerada tranquilidad. Con locura y despacio. Como si ese momento pudiese durar eternamente. Como si tuviese todo el tiempo del mundo. Corrió despacio hacia el agua azul que, allá a lo lejos, se confundía con el principio del cielo. Su cuerpo se mojó sin notarlo y aquella tranquilidad invadió su espíritu.

Sonrió todavía sentada sobre su piedra. Su ropas secas e impolutas. Se rió. Le hizo gracia que en un universo paralelo hubiera tenido el valor de levantarse y hacerle caso al mar. Sonrió porque se sentía como si realmente se hubiese atrevido a fundir su cuerpo con el mar.

Pensó que era un buen momento, pero no era el momento.

Se levanto despacio, sin decirle adiós al mar, pues él sabía que volvería. Un día volvería y tendría cordura suficiente como para no aguantar sentada en la piedra de su círculo del destino.

Anduvo sin mirar atrás. El sol la acompañó a casa. Todavía sonreía porque estaba seca, pero se sentía como si hubiese nadado al amanecer en el tibio mar.

sábado, 18 de junio de 2011

pies

Se desplomó en el asiento del metro como si un dios cansado hubiese tirado un trapo viejo lleno de polvo. Estiró las piernas sin apoyar los pies, porque ni siquiera sentada eran capaz de sostenerla. Se miró las uñas de color rojo sobresaliendo por su sandalia blanca. "Lo peor del verano es el calor", pensó.
Llevaba despierta desde las siete de la mañana. Desde las ocho dando vueltas por toda la ciudad y hasta las once no llegaría a casa, donde no tendría que deshacer el revoltijo de sábanas que no había podido arreglar por la mañana.

Sentada en el borde de la cama, liberó los pies doloridos que a duras penas la habían llevado hasta ahí. Sin duda alguna, sus dedos estaban considerablemente más hinchados que por la mañana. Recordó que a su abuela se le solían hinchar los pies en verano.
Lanzó una rápida mirada a su mesita de noche y supuso que el desodorante para pies los refrescaría un poco. Absorta en su cansancio masajeó las plantas de sus pies. No sentía nada. Clavó una de las afiladas uñas de su manicura francesa. Nada. Observó la planta de su pie. Un enorme callo se asentaba en la base de sus dedos. Rojo y amarillo. Duro. Lo mismo en el izquierdo. Suspiró.
Se preguntó cómo habría llegado a tal extremo. Se dijo que no andaba tanto. ¿Secuelas de los zapatos de tacón? Llegó a la conclusión de que necesitaría años sin andar para que desaparecieran. Se miró la mano derecha. Al igual que el callo de su mano había desaparecido tras sus años de estudiante. Se dio cuenta de que la vejez empezaba por los pies.

lunes, 13 de junio de 2011

Cántame la de...

Volver a escuchar una canción años después y darte cuenta en un segundo cuánto ha cambiado tu vida. Las mismas calles, las mismas noches, las mismas luces... parece mentira que las personas que están ahora a tu lado nunca pensaste que lo estaría y las que estaban sólo son un frío espejismo que se desvanecerá al acabar esta canción. Pero el sentimiento de felicidad y de tranquilidad es el mismo.
No sé lo que traerá el futuro, pero siento que estoy en el buen camino.

viernes, 25 de marzo de 2011

lista de deseos

Quiero a alguien que cuando me emborrache me lleve a casa en brazos, me rompa las medias con la boca y luego me compre otras. Me haga el amor contra la pared y se meta conmigo en la bañera, que se pierda conmigo para después rescatarme en laberintos sin sentidos, que saque la espada y me defienda de víboras, pirañas y putas. Alguien que cosa disfraces a mis días malos y los convierta en buenos, que no se enfade si no me entiende, ni me entiendo y lo mareo. Que me saque la lengua cuando me ponga tonta y me haga enmudecer, que no dé por hecho que siempre voy a estar ahí pero que tampoco lo dude. Que no me haga sufrir porque sí, pero que no me venda amor eterno manoseado.

Alguien que no pueda caminar conmigo por la calle sin cogerme de la mano, que no me compre con regalos pero que tenga mil detalles de papel, que no le guste verme llorar y me haga reír hasta cuando no tengo ganas, que de vez en cuando decida perseguirme en los bares y conocerme otra vez, que me mire, lo miro y me tiemblen las piernas sin remedio. Alguien que esté loco por mí y no se olvide de decírmelo los días de resaca y que si se pone animal sea sólo en la cama y me mate a besos por la mañana. Que no se acostumbre a mí y deje de inventar nombres nuevos para despertarme, que si mira a otra, luego me guiñe un ojo y se ría de mis celos de hojalata.

Pero, sobre todo, que no tenga que perderme para darse cuenta de que me ha encontrado...