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sábado, 1 de abril de 2017

Universos paralelos

¿Creéis en la existencia de universos paralelos? Yo a veces sí. A veces creo que mis recuerdos pertenecen a otra yo, que nunca he sido yo. Otras veces, simplemente, creo que alguien ha viajado al pasado y ha pisado un bicho. Es la única explicación posible.

Un día eres esa chica de pelo largo, que no se lo va a cortar porque está planeando una boda y tiene que llevar un recogido maravilloso, un vestido precioso y los zapatos perfectos. Y de repente, ¡pum! Eres esa otra chica, la del pelo corto, por encima del hombro, con una chupa de cuero, minifalda y tacones que sale a las diez de la mañana de la casa de un tío que acaba de conocer en una discoteca. Así de rápido. ¡Pum! Como la carroza que se convirtió en calabaza. Y el único nexo en común, amigas mías, son esos fantásticos zapatos de tacón...

En serio, ¿quién ha viajado al pasado y ha pisado un bicho?

lunes, 11 de enero de 2016

Los días en los que te echo de menos

Los días en los que te echo de menos, mi vida es como una película. Mi día transcurre con normalidad, pero las horas pasan a través de mí sin tocarme. Me levanto, me ducho, me visto y salgo de casa para coger el coche, pero es como si lo hiciera otra persona porque mi mente está inundada de tus recuerdos y no veo más allá. Cada canción me recuerda a ti y en mi memoria no dejan de sucederse las imágenes de tus recuerdos como si fuera una película.

Tu sonrisa desde lejos, mientras te acercas por la acera, al verme sentada esperándote en la terraza de aquel bar donde nos conocimos. Tu brazo rodeándome mientras paseamos por un parque. Mi mano deslizándose por la tuya una noche al salir de un restaurante.

Intento hacer las cosas que hago todos los días, pero cuando te echo de menos no puedo dejar de imaginar que las podría estar haciendo contigo y que un día las hice contigo, acompañada de tus sonrisas.Y te vuelvo a ver esperándome en la puerta de la facultad para acompañarme a casa, vuelvo a montarme en tu coche para ir contigo de compras, vuelvo a tomarme un café contigo en cualquier bar. Y mi mano echa de menos la tuya, acariciándome bajo la mesa.

Cuando vuelvo a casa, esos días son los peores. Pongo nuestras canciones y me siento sola. Me siento mayor y siento que te he perdido y que nunca te sacaré de mi corazón. Y aún con el gorro puesto y el corazón frío, abro una copa de vino y bebo, para recordarte, no para olvidar. Mientras canto nuestras canciones, con una copa de vino blanco en las manos, mis ojos se inundan porque no puedo vaciar los recuerdos que se agolpan en mi cabeza. Y con una copa en la mano, los recuerdos duelen más.

Y me vuelve a doler el corazón, haciendo un esfuerzo para decirte que me voy. Y veo de nuevo tu cara de decepción, incapaz de decir nada. Y tu mano vuelve a jugar con uno de mis rizos y sé que te están conteniendo para retenerme, como si con ese gesto pudiera hacerlo. 

Intento ordenar en mi cabeza los sentimientos. Como si al recordarte pudiera cambiar lo que pasó. Como si pudiera correr por esa calle a oscuras para abrazarte y darte un beso, en lugar de quedarme en la puerta de casa resignada viendo como te alejas, deseando correr, pero sin poder dar la orden a mis piernas. Sabiendo que no volveré a sentir tus labios.

Ojalá me hubieras leído la mente cuando yo era incapaz de hablar.

Y al final de los días en los que te echo de menos solo me queda una copa vacía y esa canción. Y no te puedo decir que aún te quiero, solo puedo hacerme la duda mientras desvías la mirada, para no mirarme. Y me falta tu sonrisa para que me caliente el corazón.

Oh well I don't mind, if you don't mind
'Cause I don't shine if you don't shine

Before you go, can you read my mind?


sábado, 22 de agosto de 2015

Una tarde de lluvia más

Y desde entonces no ha dejado de llover. Porque llovía aquella tarde cuando sujetaste el paraguas sobre mi cabeza para darme un beso fugaz antes de entrara en el metro. Llovía también aquella mañana cuando saliste de mi casa y te vi cruzar la esquina bajo la lluvia y llovió toda la tarde mientras me pasé horas y horas mirando la lluvia caer contra el cristal porque, aquella tarde, lo único que me quedó de ti fue un abrazo cálido y acogedor, y tu espalda mientras girabas la esquina.

Y hoy vuelve a llover sobre las calles de Madrid, mientras deambulo con los pies mojados sujetando un paraguas que me protege de la lluvia, pero no de los pensamientos que se agolpan en mi cabeza. y de eso no hay nada que me proteja. Y la lluvia lo trae, una y otra vez.

Mientras intento calentarme con un té, Gato me mira desde su atalaya en la ventana. Parpadea y vuelve a mirar por la ventana, con la mirada fija en lo que pasa fuera, en la gente que se moja y corre entre los paraguas, las capuchas levantadas y los pasos apresurados. Sé que su mirada es de indiferencia, que a él no le preocupa la lluvia, no le trae recuerdos de ti ni de nada que haya vivido en los días de lluvia.



Para él no llueve. A veces me gustaría ser como él, mirar con indiferencia sobre la ventana, sin que la lluvia y el vacío que has dejado me mojen y me enfríen los pies. Pero aunque la lluvia no recoge sus recuerdos, sé que por las mañanas, acercándose levemente a la puerta, sin quererse asomar, intenta atisbar con sus diminutos ojos lo que hay más allá, percibir un olor, una sensación que un día sea un recuerdo para poder evocarlo de nuevo.

Me pregunto si, con su cara pegada en el cristal, no le entrará la melancolía de una cierta tarde de sol que un día vio. Me pregunto si no sufre igual por algo que no ha conocido y si sería mi pena igual si nunca hubieses estado, si no me hubieses abrazado y dado besos delicados.

Si aquello no hubiese pasado, si me hubiese quedado observando desde el cristal, me pregunto si entonces dejará algún día de llover.

martes, 4 de noviembre de 2014

Mr. Brightside

Y nos hacíamos adultos escuchando música indie en una ciudad europea, añorando una juventud que sabíamos que se nos iba de las manos.

domingo, 23 de marzo de 2014

Esa inseguridad

Esos días en los que no sabes lo que quieres. En los que odias la rutina y la seguridad. Esos días en los que tirarías todo por la borda, bueno y malo, pero sobre todo bueno... todo por un quizás, por un tal vez... Por esa inseguridad de no saber, de querer descifrar en cada mirada si te buscan o no. Por esos momentos de tensión esperando un beso, esperando saber si todo lo que hace es por ti o no, si te busca con la mirada como haces tú... Esa inseguridad, ese no saber si te quiere o no te quiere, de si jamás acabaréis juntos...

martes, 11 de diciembre de 2012

los duendecillos y las parcas


La vida está compuesta de pequeñas bromas. Cada día estoy más convencida de que en algún lugar del remoto universo un duendecillo corretea entre los hilos que cuidadosamente tejen las tres parcas. Ellas no saben lo que están tejiendo, tan solo tricotan, una y otra vez, sonando sus agujas igual que suenan ahora las teclas de mi máquina de escribir. Tejiendo hilos sin sentido, tan solo impulsadas por la fuerza de algo que no puedes dejar de hacer porque hace tanto que lo haces que no hay fuerza en el mundo capaz de pararte, aunque ya no seas consciente de lo que tienes entre las manos. Míralas, tres viejecitas decrépitas, con la cabeza ladeada, los ojos semicerrados y conteniendo cada uno de sus suspiros no pueden dejar de mover sus endebles bracitos y las agujas que se encuentran al final de estos. Los hilos salen de entre sus dedos, nuevos y brillantes, pero enseguida se mezclan con el polvo acumulado de años en el suelo. En ese mismo suelo se encuentran unos pequeños seres, delgaduchos o regordetes, pero siempre saltarines. Enredan hilos, desenredan madejas, cortan hebras. Se esconden entre los ovillos, se lanzan los flecos que sobran. Parecen sumidos en inocentes juegos, ellos saben perfectamente que sus danzas entre los pies de las parcas están cambiando nuestras vidas.

Un hilo de oro, John Melhuish Strudwick

lunes, 26 de noviembre de 2012

Amor literato

En cambio, aquellos personajes de romance, aquellos galanes y galanas, vivían en la eternidad de días que no acababan, en noches que se alargaban en un amanecer que nunca llegaría. Besos distantes, abrazos imperceptibles... Era el amor de los poetas, el amor literato.

jueves, 1 de noviembre de 2012

per-fec-to

Durante meses imaginé de todas las formas posibles como aquello debería pasar. Cuando sucedió supe simplemente que había sido perfecto y que solo podía haber pasado de ese modo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

una noche de septiembre


Siempre es difícil empezar una historia. Todas tienen un comienzo, por supuesto, pero esta historia es diferente si te la empiezo a contar una madrugada de marzo, una tarde de mayo o una noche de septiembre...

Una noche de septiembre la protagonista de este cuento sin hadas se sorprendería a sí misma llorando sobre un filete de pechuga sin razón aparente, pero sus razones son cientos. Se acaba de dar cuenta de que la única persona que escucharía sus lágrimas ha dejado de ser su principal motor para quedarse sentada en ese sofá siendo la mujer florero sin anillo.

Ya lo había decidido y ya no había vuelto atrás, pero eso tan solo fue una razón más para seguir llorando aquella noche de septiembre.

viernes, 13 de julio de 2012

¿Qué nos ha pasado?

... ¿qué nos ha pasado? ¿por qué ya ni siquiera me atrevo a empezar esta carta con tu nombre? ¿por qué no tengo fuerza para mirar los sobres viejos? Quizás porque será demasiado duro darme cuenta de que hace meses que no sé nada de ti, que hace un par de años que lo nuestro dejó de ser amistad y se convirtió en una mera relación formal, un voy a mantener algo que murió hace tiempo solo por el cariño de aquellos años... pero... ¿qué nos ha pasado? ¿por qué parecíamos inseparables y ahora somos a penas unos desconocidos?

Me gustaría tener valor para poder sentarme contigo a tomar un café, pero tengo miedo de no encontrarte tal y como yo te recuerde. De haber cambiado, de que tú hayas cambiado... La verdad es que a veces miro tus fotos y pienso que ya no te conozco, que si nos cruzásemos por la calle no sabría reconocer...

Quiero escribirte una carta, pero ni siquiera sé cómo llamarte ahora. Quiero contarte la verdad, que sigo perdida, estancada en aquella muralla sin saber dónde está mi lugar. Quiero gritarse que necesito apoyo. Pero tengo miedo de que no respondas, porque me he dado cuenta de que tú intentaste seguir y ahí y yo, poco a poco, inconscientemente, he sido la que se ha alejado de ti. Si no quiero perderte tengo que dar ese paso, pero... ¿qué me ha pasado?

miércoles, 30 de mayo de 2012

miedo a morir

En cierta ocasión leí, escuché o soñé que un crítico literario, que es lo mismo que un escritor de medio pelo, dijo que el momento de convertirse en escritor, y por tanto en creador, llega con la aceptación de la muerte propia. Bueno, quizás lo dijo algún premio novel. No importa.
Mucho se ha reflexionado sobre esto, pero lo que nunca nadie se ha atrevido a condesar es su miedo a morir. Miedo a cómo se muere, a dejar a todos aquí, al último recuerdo... a todo y de repente nada.

lunes, 28 de mayo de 2012

viernes, 20 de enero de 2012


Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z; Ctrl Z; Ctrl Z; Ctrl Z...
Aquella mañana dediqué una hora de mi vida a maquetar los versos prefabricados de un escritor de medio pelo con un buen enchufe en la editorial que me daba de comer. Después de aquellos largos sesenta minutos, los versos estaban bien encuadrados, con su formato y su anotación en una bonita caja de texto. Respiré y guardé la labor. Por pura paranoia mía volví a abrir el documento, solo para respirar una vez más y comprobar que todo estaba en su lugar, tal y como yo lo había guardado. No respiré. El texto estaba, pero no estaba su cuadro que lo recogía verso a verso. Respiré y me armé de paciencia.
Una hora después y millones de Ctrl C + ctrl V; Ctrl Z el texto estaba otra vez en su lugar. Quise asegurarme de que no se perdiese y no vagase sin rumbo por el limbo virtual al que van las cosas que no guardamos o que eliminamos. Todo fue inútil, no se pegaba en otros documentos y no podía guardarlo en otro formato. Reaccioné sin cavilar, y arranqué el cable de su enchufe en la pared. Muerto el perro se acabó la rabia, que dicen en mi pueblo. Contuve mis instintos más asesinos y no lancé aquel aparato del demonio que llamaba ordenador por la ventana, o contra la cabeza de mi jefe, o contra el suelo, o golpearlo con el manuscrito, o con la silla o con... En fin, no produje daño alguno a bicho.
Necesité otra hora más para repetir mi labor. Dicen que no hay dos sin tres y que a la tercera va la vencida, así que a la tercera tuve por fin el texto maquetado, guardado y bien guardado. Aunque yo necesitaba un café y tuve que salir urgentemente a la cafetería de la esquina. Me pedí un café con leche y se me antojó un emparedado de jamon york y queso, uno de esos que ahora llaman sandwich mixto, vaya usted a saber por qué.
En resumen, aquella mañana dediqué tres horas de mi vida a repetir la misma tarea.
Por la tarde yo pensaba que las cosas irían mejor. Cuán grande sería mi sorpresa al descubrir tras cuatro horas de trabajo, que llevaba dos corrigiendo el texto bueno.
Decidí ir a por chocolate, pero la máquina del pasillo se quedó conmigo y con 10 céntimos míos, así como si fuese una señal del destino que yo no tomara chocolate... Así que me fui al kiosco de la esquina, en busca de algo con lo que lavarme el cerebro. Me decidí por la glamur, nada mejor que hojear un lavado instantáneo de neuronas.
En portada una actriz irreconocible a causa del botox o del photoshop, o quizás de ambos. Nunca me han gustado las personas de plástico, menos si están más maquilladas que la capilla Sixtina.
En la editorial, la directora de la revista hablándole a las mujeres sin personalidad de lo fuertes y estoicas que deben ser ante la vida. Al lado del texto, una foto de la susodicha. Paloma enorme de unos 50€ para disimular su enorme nariz en plan Rosi de Palma. Interiormente le deseé suerte con esa técnica, que yo me hubiese fijado en esa trompa de elefante no significaba que otros pudiesen hacerlo.
Pasé de hoja, ahí estaba de nuevo la directora. Con su chimenea presidiendo el salón de su cara. Y sin pamela. Realmente, hay casos en los que yo sí apoyaría lo de las operaciones estéticas para reducir tocha, digo, nariz. Érase una vez una nariz a una directora pegada...
Un hojas más un artículo con foto de la redactora. ¡Dios mio, qué espanto! ¿Guiña el ojo y pone morritos para disimular su poca belleza? Lo peor de todo es que quizás sí funcione... Pero, ¿en serio? ¿Qué es eso? ¿Masoquismo? Poner esas fotos al lado de famosas de plástico y ordenador... O quizás una estrategia de marketing (sea lo que sea el marketing) para demostrar cuán hermosas son las famosillas...
Hacia la mitad de la revista el horóscopo. Absténganse creyentes. Voy a tener problemas amorosos pero éxitos de trabajo... ¡y solo por haber nacido en cierto día! Qué potra... no me puedo creer que todos los sagitario vayan a pasar por las mismas dificultades que yo. Hoy me siento un poco más empática con el mundo. ¿Hasta ahí se nota la ironía o sigo?
Por cierto, ¿sabías que ojear una revista de moda durante más de diez minutos produce depresión en las mujeres? ¿Sabías que la mayoría de las estadísticas son falsas? ¿Sabías que el 68% de la población sabe que las estadísticas son falsas? ¿Sabías que el 89% de la población todavía cree en las estadísticas?
Cierro la revista y me pregunto en qué porcentaje estoy yo. Llego a la conclusión de que formo parte de ese 0,09% de margen de error en cualquier estadística inventada.
Vuelvo a casa y las noticias dicen que ha estallado la tercera guerra mundial, no sé si por cuarta o quinta vez en la última década... pero me da igual. Yo necesito dormir. Mañana será otro día.

Ctrl G

jueves, 5 de enero de 2012

margaritas deshojadas

A veces me pregunto si enmarcar mis cuadernos cuadriculados con corazones de carbón sirvió para algo. Dónde dejé mis margaritas deshojadas o dónde fueron a parar los deseos que susurré a mis pestañas. ¿Tú también mirabas las estrellas antes de irte a dormir? ¿Leíste las cartas que escribía al aire?

martes, 27 de diciembre de 2011

Cosas que no me gustan de la Navidad

La Navidad es una época de amor, ilusión, esperanza... sobre todo esperanza. Nos pasamos los días esperando a que llegue la Navidad, porque con ella podremos estar con las personas que más queremos. Esperamos que ellas den lo mejor de sí por nosotros. Esperamos que todo vaya bien en estos días, que no haya problemas. Esperamos poder estar con todo el mundo. Esperamos que la Navidad sea un remanso de paz de felicidad en medio del ajetreo y los disgustos que nos da la vida. Y nos quedamos esperando... Porque además de ilusión, es época de desilusión. Esa época en la que la gente te decepciona aún más porque no viene o no dan todo lo que esperamos de ellos. Porque deseas estar con todos y no puedes complacerlos. Porque los problemas parecen más graves en Navidad. Porque las pérdidas son también más dolorosas en Navidad.

Hemos idealizado de tal modo la Navidad, que todo el mundo espera algo de ella, y espera y espera....y se desilusiona.

lunes, 19 de septiembre de 2011

esperando una sensación

Esperaba con tanto ahínco e ilusión la llegada de aquel momento que la impaciencia de la espera lo eclipsó todo. 

Leyó la carta de papel azulado que acaba de llegar sin prestar atención a lo que había, con miedo de llegar a la última línea y descubrir en la última línea la decepción. Pero allí sólo estaba la alegría. Sonrió y gritó. Por fin lo había conseguido. Pero aquella sensación de liberación de la que todo el mundo le había hablado no estaba ahí. Entonces decidió seguir esperando un poquito más.

Salió a pasear, a liberar su mente de angustias y miedo que ya no tenían sentido para así dejar paso a la sensación de libertad. Y cuando llegó a casa se sentó en el sillón, frente a la ventana que le enseñaba el atardecer como si fuese un estreno de cine. El papel azul de la carta todavía estaba allí. Leyó las letras impresas de nuevo, esperando otra vez su sensación. Entonces se dio cuenta.

Se dio cuenta de que aquella sensación de libertad no era la sensación del fin. Era la sensación de un nuevo comienzo todavía más cargado de ilusión y nuevos proyectos. Aquella era su libertad, no saber que todo había acabado, sino que todo podía empezar.

Sin duda algo acababa, no volvería a andar por aquellos pasillos y aquellas calles, todas esas personas desaparecían de la noche a la mañana de su vida y con ellas todos los planes e ilusiones que un día improvisaron juntos. Pero aquella sensación no estaba ahí, sólo la felicidad de saber que todo empezaba de nuevo, con nuevos proyectos, nuevas ilusiones y nuevos planes y buenos momentos que improvisar.

Por fin ahí estaba, como el claro de un bosque, como la cima de na montaña, como un helado recién comprado: la sensación de libertad que da acabar con cuatro años de esfuerzo e ilusión.

domingo, 4 de septiembre de 2011

uno de esos días más

Sólo es uno de esos días más en los que por un segundo estás enfadada con el mundo. Cuando sientes, como tantas otras veces, que desentonas con el mundo. Que has llegado a un punto, sólo por unos segundos, en los que no te apetece ver a nadie más. Podrías enfadarte con todos, pero sabes que gritar no sirve de nada.

Ves las fotografías y sientes que no encajas aquí. A veces lo peor es que no te duele no encajar.

Es sólo uno de esos días en los que nada te apetece. Solo quiero sentarme en mi escritorio, con un chándal o un pijama, sentada sobre mis piernas cruzadas, bebiendo un té, leyendo lo que sea. Sabiendo que sólo es un día más y que esta angustiosa sensación, la del tiempo parado, se va ir.

Sólo es uno de esos días más.

martes, 30 de agosto de 2011

Esperando el otoño...

Sonrió. Llevaba meses esperando a que llegara aquel día. Esperaba el otoño como quien espera los regalos de Navidad.
Se levantaba y miraba por la ventana al cielo azul. Después bajaba los ojos hacia la verde hierba. Guardaba la chaqueta verde en el armario y contaba las horas que faltaban para ir a dormir.
Al llegar la medianoche abría las persianas, sacaba la chaqueta verde y la planchaba con cuidado. La dejaba sobre el respaldo de la silla a los pies de la cama, por si acaso al día siguiente el otoño llegaba sin avisar.
Hasta que un día llegó, como llegan los regalos de Navidad. Al mirar por la ventana ahí estaba, cielo gris otra vez. Bajó los ojos hacia la verde hierba y ahí estaba también, como si un duendecillo hubiese colocado ahí aquella hoja marrón delicadamente sobre la hierba.
Sonrió. Cogió su chaqueta verde y se la puso mientras bajaba a saltos las escaleras que la separaban de la calle. Sonreía.
Al entrar en la estación compró un café para llevar.
Esperaba en el andén la llegada de un tren, con su chaqueta verde y un café, conteniendo la emoción de salir corriendo a abrazar a alguien que quieres mucho y hace tiempo que no ves.
Esperaba en el andén, chaqueta verde y un café, porque sabía que el otoño llegaba en ese tren.

Esperaba en el andén,
chaqueta verde y un café,
porque sabía que él
llegaba en ese tren.

domingo, 28 de agosto de 2011

tras esta realidad se esconde mi verdad

Entonces se giró lentamente y se acercó a sus ojos. Luego susurró, escupiendo con asco cada una de las palabras:
- No tienes ni idea. ¿Cuándo te darás cuenta de que nada es lo que parece? ¿Cuándo verás la máscara que cubre cada rostro? ¿Cuándo comprenderás que es sólo una máscara, una sombra, una ficción? Crees conocerme, pero esto no soy yo. Tras esta realidad se esconde mi verdad.Y sin saberlo te atreves a juzgarme. Y te compadeces de mí por saber la verdad... ¿Sabes lo que veo yo en tus ojos? Sombras. De la hipocresía no se salva nadie y tú no eres el elegido... No sientas lástima por mí, siéntela por ti.