domingo, 2 de enero de 2011

De bruces con la subjetividad

La realidad es algo demasiado subjetivo, es simplemente algo que está en tu cabeza tal y como tú crees que las cosas han pasado. Entonces llega el día en el que alguien te confiesa que algunas cosas no son como tú las tienes en la cabeza, que la gente hablaba, que la gente tiene otra realidad en la cabeza... es entonces cuando te das de bruces con la realidad y no sabes qué subjetividad es la menos subjetiva.

Hay que aprender a vivir con segundas impresiones.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Propósitos de Año Nuevo...

Dicen que lo que haces el primer día del año es lo que harás el resto del año.

El uno de enero de 2010 seguramente estaba haciendo las maletas, preparándome a despedirme de todos una vez más para continuar mi vida en Francia. Volvía a hacerlas para irme a Bélgica, Berlín y para de nuevo volver a la realidad de mi verdadero hogar. Y otra vez para Portugal, Madrid, casa de nuevo, Granada, Madrid, Sevilla, Madrid otra vez, Lyon, Madrid, casa, Madrid, casa... y mañana tendré que volver a hacerlas para Irlanda. Lo irónico es que el uno de enero de 2011 también estaré haciendo maletas, de lo que deduzco que me espera un 2011 movidito...

Algunos años he dedicado las noches de navidad a confeccionar mi lista de propósitos de Nuevo Año, al año siguiente comprobaba como había alcanzado la mayoría de mis metas. Este año mi intención era la misma, pero simplemente no puedo hacerlo. Por primera vez en mi vida no sé qué quiero.

No sé si quiero acabar la carrera y ponerme a trabajar y crear mi vida en Madrid. O irme a hacer un máster a Francia. O quedarme en España a hacerlo. O coger cuatro cosas e irme de auxiliar de conversación a Francia, Inglaterra, Alemania o Brasil. O sin nada más que yo misma irme a forjar mi futuro donde sea sin saber qué va a pasar mañana. ¿Y si no la quiero acabar y quier continuar un año más como este decidiendo qué hacer con mi incertidumbre? El abismo más grande que nunca se haya abierto ante mí.

Lo peor es que nada me ata en ningún sitio, vaya donde vaya tengo la sensación de que todo será difícil, tendré que luchar de nuevo por conseguir todo. Lo único que me ata está justo donde sé que no quiero estar y aunque llevo años luchando por ello, tampoco hay nada que aquí y ahora me ate. Incertidumbre...

Supongo que cuando llegue el momento sentiré qué es lo que quiero hacer. Como años atrás cuando no sabía qué hacer con mi futuro y llegó el día en el que no hubo dudas. Pero la espera ante este abismo es dura y nadie en este punto puede decidir por mí y el único consejo que sirve es seguir a mi corazón. Lo malo es que es mi corazón el que está en lo alto de una muralla y no sabe hacia qué lado saltar.

Por eso la única propuesta de Año Nuevo que pido para 2011 es que esté donde esté, con quien esté y haciendo lo que quiera que esté haciendo, que sea realmente lo que mi corazón ha elegido y que al final de año tan sólo pueda esbozar una sonrisa porque sé que estoy exactamente donde mi corazón me dice que esté. Tal y como ocurre este año.

...

"... olvidamos lo que decimos mucho más de lo que escuchamos, lo que escribimos mucho más que lo que leemos, lo que enviamos mucho más de lo que nos alcanza, por eso no contamos apenas con las ofensas que infligimos y sí en cambio con las que sufrimos, y por eso casi todo el mundo le tiene alguna guardada a alguien."

Tu rostro mañana, Javier Marías

lunes, 15 de noviembre de 2010

desahogo #1

Odio esas personas que se creen que todo lo que hacen ellas está bien. Que en ningún momento dan su brazo a torcer, porque, simplemente, ellas tienen razón y el resto no. Esas personas tan asquerosamente perfectas que no ven que más allá de su ego está su propia mierda que sólo ellos están soportando. Esas personas a las que el único modo de aguantarlas es bajar la cabeza y convencerlas de que ellas tienen razón, como si tuvieras que agradecerle su enorme sabiduría que te están transmitiendo. Esas personas que se creen que todo el mundo las admira, que lo están haciendo de puta madre y que su vida es sencillamente perfecta porque ellas son la personificación de la perfección en la Tierra, cuando realmente el mundo está harto de ellas y cada día avanza un pasito en la escala del odio, que lo están haciendo de puta pena, porque son tan mierda como el resto y al final van a acabar tan enmierdados y hundidos como los demás, o incluso más, porque desde alto la caída es más dolorosa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

caricias en el cuello

Odio las noches. Bueno, odio algunas noches. Esas noches de fin de semana en las que no tienes nada que hacer y no hay nadie a tu alrededor para saciar las ansias de un abrazo y de una mano acariciando tu pelo. Esas noches en las que sólo aparecen canciones llenas de melancolía haciéndote recordar que, como cualquier otro mortal, tú también necesitas caricias en el cuello.

viernes, 12 de noviembre de 2010

duendecillo

Poco a poco mi duendecillo dejó de involucrarse en mi vida, perdió protagonismo en las cosas que me sucedían. Ahora, prácticamente, prescindo de él. De vez en cuando se da cuenta de que su ayuda es imprescindible y me ayuda, sin darme yo cuenta en la mayoría de las ocasiones. Otras veces le dejo que se acomode tranquilo entre mis libros y pasa allí las horas relajado, sin que nadie le moleste. Alguna vez se ha decidido a hablarme de nuevo. Se sienta sobre una pequeña caja que hay sobre mi escritorio y que alberga los recuerdos de un futuro que nunca existió. Se sienta allí. Sus piernecitas cuelgan en la caja mientras él las mueve creando una extraña danza que se esmera en seguir el compás de una música no marcada y en no equivocarse. Lo veo balancearse sobre sí mismo, agarrando con sus manitas el borde de la caja, mirando fijamente el baile de sus zapatos. Parece esperar el momento para decir algo. Cuando encoge el cuello entre los hombros y su rostro dibuja sin querer una disimulada sonrisa de vergüenza lo miro fijamente para que se percate de mi presencia y de que lo observo con cuidado. Sé que eso lo intimida, incluso le dificulta decir aquello que quiere decir, pero es mi modo de darle pie para que empiece a hablar y él así lo interpreta y acepta. Tras mirar un momento el vacío que se cierne entre las suelas de sus zapatos, levanta lentamente su cabecita ladeándola. Me mira callado. Los labios apretados. Entonces habla. Me conduce hasta el pasado, me recuerda momentos olvidados tan lejanos que para mí es como si nunca hubieran sucedido. Me muestra lo que podía haber pasado. Me muestra el futuro que no existió y que guardo en la misma cajita en la que está sentado. Me chantajea al preguntarme si me olvide de mis mariposas amarillas y al mostrarme como una a una fueron muriendo. Sólo lo hace para desconcertarme, aunque sabe que hace mucho que todo aquello fue olvidado y que muchos de esos momentos ni si quieran son un sueño en mi almohada. Sin embargo, no le impido hablar. Le dejo que continúe con su retahíla. Yo me dedico a escucharlo. Simplemente oigo su vocecita entre suplicante e indignada. Intento seguir sus ojitos brillantes mientras apresurado me habla. Cuando encuentro sus pupilas, lo miro intensamente. Esto provoca que su voz poco a poco se vaya perdiendo y que a sus ojos llegue una pregunta que mi rostro firme y sereno hace callar. Otras veces me canso de su vocecilla impertinente y lo hago callar sutilmente. Con cuidado soplo suavemente hacia su carilla. Atenta observo como ante la brisa cierra los ojitos apretando sus párpados con fuerza, echa para atrás la cabecita seguida de su cuerpecito en un ligero movimiento forzado y sus cabellos se desplazan hacia su nuca. Algunas veces creo que incluso lo he visto sonreír en esos momentos. Luego vuelve a su estado anterior: ligeramente inclinado sobre el borde de la caja de secretos apoyando sus manitas. Tarda un rato en abrir de nuevo los ojitos y dirigir su mirada hacia mí. Espero paciente a que lo haga. No tengo prisa. Cuando lo hace le hablo despacito, con delicadeza, para que no se sienta dañado. Le digo que ahora estamos bien, no nos falta nada. El presente está tranquilo y el futuro poco a poco se está forjando como debe de forjarse, por lo que poco me importa el pasado y el futuro que podía haber generado. Le hago ver que realmente soy feliz, porque lo soy. El presente esta tranquilo y mi última mariposa amarilla a buen resguardo. Parece que lo convezco sólo con mis argumentos, argumentos del presente. Sé que él me puso en el camino, sé que él fue quien cambio el pasado para ponerme en este presente, pero no le reprocho nada. Podía echarle en cara que me abandonó, que me dejó sola, que envió a todas mis mariposas amarillas a las aspas del ventilador impidiéndome salvarlas, que borró mi pasado y me dejó sin futuro, pero no lo hago. Debería reprocharle la poca atención que me ofrece, la ayuda invisible que hace tiempo que no me brinda y que me ha vuelto a dejar sola, pero no lo hago. Tenía que haberlo echado de mi vida en el momento en el que me traicionó, pero no lo hice. Debería odiarlo, pero lo tolero. Simplemente le muestro mi felicidad actual. Realmente soy feliz y quiero seguir con el camino en que ahora estoy andando pase lo que pase. Así que le enseño lo que tengo: felicidad. No le echo nada en cara, no le reprocho nada y le permito seguir dando vueltas por aquí y que me acompañe cuando le apetezca. En cierto modo, le debo lo que tengo aunque en su momento me hizo sufrir. Una vez convencido vuelve a acomodarse entre mis libros y no lo vuelvo a molestar.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Los chicos buenos no salen de fiesta los miércoles

La clave para no desilusionarse es no crearse expectativas. No pienses que el hombre de tu vida va a aparecer de repente en una discoteca. No te va a ver bailar y reír con tus amigas sabiendo en el instante inmediato que eres tú, que eres perfecta, que eres la definición de amor y que sólo de ti se ha enamorado. No se va a acercar, no te va a sacar a bailar, no te va a besar, no te va a coger de la mano para sacarte de la fiesta, no te va a pedir condones, no te va a acompañar hasta la parada de metro más cercana y no se va a despedir con un beso. No esperes llamadas del día siguiente sólo para decir que la noche fue perfecta, que necesita más, conocerte. No os vais a enamorar poco a poco al sabor de las perdices. La clave para no desilusionarse es saber que los chicos buenos no salen de fiesta los miércoles.