jueves, 5 de enero de 2012

margaritas deshojadas

A veces me pregunto si enmarcar mis cuadernos cuadriculados con corazones de carbón sirvió para algo. Dónde dejé mis margaritas deshojadas o dónde fueron a parar los deseos que susurré a mis pestañas. ¿Tú también mirabas las estrellas antes de irte a dormir? ¿Leíste las cartas que escribía al aire?

martes, 3 de enero de 2012

el amor es ciego

‎"como Amor es ciego, y no se sirve sino de ciegos, él y ellos hacen las cosas de suerte que pocas veces se encumbren, y ésta es la causa por que los amantes, como ellos no ven, piensan que no los ven." 

Novelas amorosas y ejemplares,  María de Zayas y Sotomayor

viernes, 30 de diciembre de 2011

Atardecer


En árida llanura amarilla, cercada por un anfiteatro de montañuelas calvas y telarañosas, iba atardeciendo muy despacio. Crepúsculo interminable; del cielo cárdeno parecía descender lluvia de ceniza sutil; y el sol, que detrás de los cerros se ponía, era un globo sin calor, medio apagado, enorme, una pupila de cíclope agonizante.
Tan doliente paisaje ofrecía los tonos secos, mitigados y polvorientos de los antiguos tapices, y las figuras que sobre el paisaje comenzaron a desfilar en caricaturesca procesión, de tapiz eran también: de tapiz o de orla de códice cuatrocentista. El cuadro se contaba en el número de los espantos que el arte ha querido agregar a los espantos de la naturaleza.

martes, 27 de diciembre de 2011

Cosas que no me gustan de la Navidad

La Navidad es una época de amor, ilusión, esperanza... sobre todo esperanza. Nos pasamos los días esperando a que llegue la Navidad, porque con ella podremos estar con las personas que más queremos. Esperamos que ellas den lo mejor de sí por nosotros. Esperamos que todo vaya bien en estos días, que no haya problemas. Esperamos poder estar con todo el mundo. Esperamos que la Navidad sea un remanso de paz de felicidad en medio del ajetreo y los disgustos que nos da la vida. Y nos quedamos esperando... Porque además de ilusión, es época de desilusión. Esa época en la que la gente te decepciona aún más porque no viene o no dan todo lo que esperamos de ellos. Porque deseas estar con todos y no puedes complacerlos. Porque los problemas parecen más graves en Navidad. Porque las pérdidas son también más dolorosas en Navidad.

Hemos idealizado de tal modo la Navidad, que todo el mundo espera algo de ella, y espera y espera....y se desilusiona.

jueves, 15 de diciembre de 2011

be alone - Audry Hepburt


"Tengo que estar sola a menudo. Sería un poco feliz si me pasase desde el sábado por la noche hasta el lunes por la mañana sola en mi apartamento. Así es como me recargo"

martes, 6 de diciembre de 2011

la historia de Rossy Brown


Andando el tiempo se verán las caras, esos que gritan por las esquinas viva la revolución. 
Degeneramos, compañeros. Preguntad al mozo de telégrafos si le gusta la historia de Rossy Brown.

Rossy partió bajo la luna, una noche de fiesta en casa de Míster Brown. 
Un caballero la envolvió en su capa y a sus sueños la llevó.

Regresó luego, triste y perdida, y a los pies de la mamá sollozó: 
Yo no sabía qué me decía aquella noche, verbena de San Juan,
cuando dije estoy cansada y tengo sueño, mañana ya os veré. 
Tengo una herida y un hijo muerto. Sólo su capa Jim me dejó. Era
mi dueño, y aunque lo digan, Jim nunca fue salteador.

Lo saben Rossy y la cocinera que en el ajo estuvo en la ocasión: 
Jim vuelve siempre. De madrugada su canción canta a las muchachas
de negros ojos y dulce voz:

        Un amor tiene cualquiera
        pero Dulce Jim, no

Y es que el mozo de telégrafos está enamorado, y no sabe qué hacer 
para que la hija de la portera entienda que no es muchacho del montón.




 Ana María Moix

sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Dónde dejo mis tomates?

Hace mucho que saliste de mi vida y, si te soy sincera, he pasado completamente página de ello. Muchos días ni me acuerdo de que me hubiera liado la manta a la cabeza, sin pensarlo, a tontas y alocas, por seguirte al fin del mundo, de cualquier mundo, al que quisieras llevarme. Ni siquiera sé dónde guardo esas fotos descoloridas que reflejaban mi sonrisa junto a la tuya. Porque yo era feliz con el sólo placer de estar contigo, de que llamaras a mi puerta y decidieras pasar la noche conmigo.

Recuerdo aquella noche, a las tres de la madrugada, cuando apareciste en la mirilla de mi puerta y yo, recién despertada de un sueño, te recogí en mi cama mientras tus manos arropaban de nuevo mis sueños, aquellos que yo también creía tuyos. Fue aquella noche, enredado en mis sábanas y en mi pelo, cuando dijiste medio borracho que nos fuéramos a París, y me abrazaras fuerte, como si temieras que fuera a desvanecerme o marcharme sin más.

(...)

Recuerdo... para qué engañarnos, recuerdo cada segundo que pasé contigo, cada palabra y caricia que me regalaste, cada sonrisa de niño que me derretía y que me hacía idear locuras más allá de ese presente imperfecto que vivíamos, deseando que cada momento que pasaba contigo fuera el más perfecto de nuestra existencia. Hay veces en las que me siento demasiado estúpida por guardar todavía esos recuerdos llenos de polvo que seguro que tú ya has desechado y has cambiado. Recuerdos que quizás hallas vendido en una noche de borrachera por el bajo de la falda de alguien a quien le importas menos de lo que un día me importaste a mí.

Sin embargo, lo que me duele de toda esta historia es que lo que debería haber guardado de mis días contigo, sencillamente no está, se ha ido de mi cabeza como si alguien hubiera apagado un vela ahí. 

Recuerdo que siempre me decías dónde tenía que guardar los tomates porque yo siempre los guardaba mal. Pero no recuerdo dónde debía guardarlos. No recuerdo si debía guardarlos en el frigorífico o fuera de él. Recuerdo tu sorpresa e indignación al ver mis tomates en algún lugar que no consigo recordar y como me decías que ahí no debían ir. Cuando yo llegaba del supermercado, feliz con mi compra y orgullosa por tal proeza y luego tú, llegabas por la noche, con tu gorro y tu abrigo, con las manos en los bolsillos y te espantabas.

Odio no poder recordarlo, porque cada vez que saco los tomates de mi bolsa de la compra me acuerdo de ti, de tu cara de niño enfadado, con esos graciosos rizos rubios que colgaban por tu frente y los ojos azules que me acusaban con tu boca fruncida por no saber dónde guardar la verdura. Le doy vueltas y vueltas y no consigo acordarme y al final las gotas rojas del jugo que cuelgan sobre la mesa de la cocina se juntan con mis lágrimas, mientras acuso a ese pobre tomate de no saberle dar un lugar, porque no te puedo acusar a ti. Porque es mi culpa y ahora ya no sé dónde dejar mis tomates. Porque desde el día en el que me dejaste, con tu sombra en la ventana, mis tomates se tambalean de un lado para otro, de la nevera al frutero del rincón, sin saber dónde está su lugar.